

El pasado mes de septiembre comenzaron las obras de conversión del Castillo de Azagala en un establecimiento hotelero de cinco estrellas. El empresario y médico asturiano Víctor Madera, presidente de Quirón Salud y una de las mayores fortunas de España, compró en 2020 esta fortaleza levantada en el siglo XIV, que se encuentra en la actualidad en estado ruinoso. El plazo estimado de las obras es de tres años, por lo que en 2027 podría abrir las puertas para formar parte de Vestige Collection, la empresa que rescata patrimonio arquitectónico en ruinas para convertirlo en hoteles de lujo.
La intención es de restaurar y recuperar el monumento para dar uso hotelero a esta fortaleza, ejecutar las obras siendo respetuosos en todo momento con la edificación y su entorno. «Proponemos recuperar su esencia, la imagen y estructura original del castillo, ya que tiene muchos adosados aportados a lo largo del tiempo. Queremos que emerjan sus torres, restaurarlas, recuperar el camino de ronda, las almenas desmochadas, los matacanes y murallas. Poner en valor su esencia para darle una nueva vida a este castillo de gran valor histórico», afirmaron las arquitectas redactoras del proyecto pertenecientes al estudio madrileño EDM, especializado en la intervención en patrimonio, siendo la empresa extremeña Construcciones y Restauraciones Olivenza, con experiencia la rehabilitación de edificios históricos, la encargada de realizar las obras.
El castillo contará con 17 villas, un spa, piscina, restaurante y cafetería, entre otras dependencias, mientras que en la finca Barrazuelo, de 682 hectáreas, se habilitarán 24 suites, en una intervención que está siendo, «poco invasiva, para que la finca permanezca intacta, pretendiendo que estén ocultas al máximo, que seamos cuidadosos con el medio ambiente, y donde empleamos materiales naturales autóctonos, siempre que podamos, como piedra y madera. Una inmersión en el paisaje, en la naturaleza, para lograr nuestro objetivo: que sea referencia turística. Estamos conservando los caminos de tierra, restaurando las paredes de piedra seca, y la movilidad será a pie, en bicicletas y en vehículos eléctricos», señala Andrés Sáenz, director de la explotación, quien añade que también contará con helipuerto, viña y olivar para producir sus propios vinos y aceites, y que podrá ser visitado, contando con cafetería abierta al público.
Naturaleza, patrimonio y productos de la tierra. «Queremos ofrecer las bondades de nuestra tierra extremeña, que sea una experiencia única para quien nos visite y que este establecimiento sea la punta de lanza de la marca Vestige Collection», señala Sáenz, convencido del potencial del proyecto donde se dará protagonismo, «a lo propio», incluyendo la cocina a base de productos de la zona: sus quesos, vinos, el ibérico...
Para conseguir que sea «un referente turístico internacional», y tras los oportunos permisos medioambientales y patrimoniales, ya está en marcha la primera fase de las obras con actuaciones sobre las cubiertas y sillares del edificio. En una segunda fase se intervendrá en sus interiores. «Vamos a eliminar los añadidos, lo nuevo, y recuperar y proyectar sobre el original, como sus tres torres: la cuadrada, la torre de armas, compuesta de dos plantas y construida con mampostería y granito, y la torre del homenaje, coronada con un campanil de estilo mudéjar». Aunque las obras están bien encaminadas, están condicionadas por la dificultad orográfica, ya que el lugar donde se asienta este castillo roquero es la zona más alta de una cresta rocosa flanqueada por las hondonadas que han formado los afluentes al río Zapatón, por lo que su planta es alargada y estrecha. Este condicionamiento hizo que se sucedieran patios consecutivos a diferentes niveles con sus torres y murallas. La construcción está basada en tres recintos defensivos. Orográficamente está situado en la Serranía de Santiago, en plena Sierra de San Pedro, junto a la presa Peña del Águila.
El castillo se encuentra a 9 kilómetros de Alburquerque y al mismo se accede a través de la pista asfaltada de Elvira de Vacas y se prolonga por la propia pista terrera.
Se estima que Víctor Madera, «un enamorado junto a su esposa de Extremadura», invertirá en torno a 80 millones de euros en los cuatro establecimientos destinados a un público de alto poder adquisitivo que está poniendo en pie en Extremadura, con los que espera crear en torno a 200 puestos de trabajo. Entre ellos se encuentran el castillo de Azagala y la finca Valero, en Torrejón el Rubio, la más grande de Monfragüe. Los otros dos proyectos hoteleros se ubican en Herrera de Alcántara y Casas de Millán.
Los promotores del proyecto alburquerqueño se muestran seguros de los beneficios que el mismo va a reportar al municipio. «Va a dar alegría, ilusión y ánimo a Alburquerque, que necesita todo esto. Va a ayudar a cambiar la situación actual de uno de los pueblos más bonitos de Extremadura», indica el director de la explotación, asegurando que el alojamiento va a crear en torno a 150-200 puesto se trabajo directos e indirectos.
Historia
El castillo fue levantado entre finales del siglo XIII y el siglo XIV después de ser reconquistada la población de Alburquerque y sus zonas limítrofes de forma definitiva. En su primera época su misión era fortalecer la línea defensiva frente a los musulmanes del sur y, más adelante, la de protección de las tropas castellanas frente a las belicosas fuerzas portuguesas que amenazaban por el oeste. Acompañaban al castillo de Azagala en este frente los castillos de Mayorga, Piedrabuena y el Castillo de Luna. El castillo de Azagala fue concedido a Alonso Téllez, señor de Alburquerque, por el rey Sancho IV en 1286. Este señorío fue el primero importante de Extremadura y compartía con la Orden de Alcántara el protagonismo en la Raya.
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